Francisco Álvarez

Alcaraz, en los confines de la Diócesis de Toledo, tuvo el privilegio de organizar las mestas castellanas más antiguas de las que se tienen referencias escritas.

Las conquistas del arzobispo de Toledo, Ximénez de Rada, apuntalan el poderoso y extenso Alfoz de Alcaraz en la encrucijada de cuatro cuencas hidrográficas, (Guadalquivir, Guadiana, Júcar y Segura).

Su alto valor estratégico, sus amplias sierras llenas de tiernos pastos y sus llanos con rastrojeras abundantes, le dará a Alcaraz un gran protagonismo como atestiguan su fuero, tratado, la Cantiga 178 de Santa María y un privilegio para hacer mesta que data del 17 de octubre de 1266.

Todo ello indica la importancia de la ganadería en Alcaraz ya en los siglos doce y trece. Una de las labores más importantes es el pastoreo. Aldeas enteras se dedicaban a ello y así obtenían carne, leche y lana.

Las aldeas de La Mesta, Canaleja y Solanilla siempre destacaron por estas tareas. De Solanilla es el pastorcillo Francisco Álvarez. Un muchacho joven que debido a alguna parálisis en la infancia tenía la mano izquierda seca, pero Francisco era muy hábil con la honda, con la mano derecha, para   reunir a su pequeño rebaño de ovejas y cabras, ayudado siempre por sus perros pastoriles que nunca faltaban en la sierra, y que se alimentaban de las sobras que caían de la mesa de sus amos y de las piezas que abatían entre el rebaño.

En la casa de Francisco, su madre, le había inculcado el amor a la Virgen. Al salir de casa, para pastorear, nunca se olvidaba de rezar el Avemaría. El día uno de mayo del año 1.222, en una dehesa de encinas, frente a su aldea, cuando el sol ya se dejaba caer sobre las primeras hierbas de la primavera, Francisco observa que los animales están inquietos; las cabras vuelven a la seguridad de su pastor; los perros se adelantan a curiosear no saben qué y Francisco les sigue con inquietud. Descubre en las cruces de una centenaria encina un resplandor especial y entre ellos una imagen preciosa, sentada, con el niño en sus rodillas. Ella le desvela que es la mujer que alumbró a Jesús en Belén. Él no sale de su aturdimiento: reza, llora, ríe…posteriormente, cuando Francisco vuelve al mismo lugar, ella, la Señora, le devuelve el movimiento y la fortaleza a su mano paralizada don por su fe y confianza. A partir de ese momento, los alguaciles, el concejo de Alcaraz, el clero y el pueblo dan credibilidad a las palabras de Francisco… Desde entonces hasta ahora, en Cortes no se ha cesado de expresar el amor a la Señora y Ella de realizar maravillas en los corazones de sus hijos. Por eso este año, 2022, por primera vez la Imagen de la Virgen de Cortes peregrinó a la aldea de Francisco, Solanilla, hizo una estación en la puerta, donde la tradición dice que vivió su familia y posteriormente se realizó un homenaje a los pastores de la sierra.